24 de marzo de 2015, martes – el día más negro de mi vida (1)

Este martes, como cada mañana, me muevo lentamente por la casa con pasos cansinos. Todo transcurre según el rito habitual: hago el café, meto una rebanada de pan en la tostadora y entro en el baño. Después, enciendo la tele…siempre las mismas estupideces…y la apago. Cojo el calendario de aprender francés, repito la hoja del día anterior y estudio aplicadamente la de hoy. Bueno, algo que ya está liquidado.
Después de haber hecho todas las otras cosas habituales, agarro el teléfono para preguntar si el puesto de trabajo que había visto anunciado en el periódico todavía está libre. Nadie contesta.
Ahora comienza la parte agradable del día: voy a añadir un nuevo capítulo a mi blog sobre Noruega. Pongo el portátil sobre la mesa de trabajo con las anotaciones de las últimas vacaciones y extiendo el mapa de ese maravilloso país. Me enfrasco en la tarea. Afortunadamente, el teléfono se encuentra a la vista para no olvidarme de preguntar otra vez qué pasa con el trabajo del anuncio. Me dicen que el puesto ya está dado, que muchas personas se habían interesado por el anuncio y que intente otra vez en tres semanas.
Vuelvo a sumergirme en las profundidades de Escandinavia.
Son las 10h.41. No presto atención a la hora. Sigo escribiendo. Ignorando que muy lejos nuestro hijo está a punto de estrellarse contra una montaña. Mi corazón late sin sobresaltos, no estoy intranquila ni tengo el menor presentimiento del enorme peligro que corre.
» Atravesamos el túnel de Svartisen, que tiene una longitud de 7,6 km «, termino la frase, miro la hora y me dirijo a la cocina. Mientras preparo la comida, oigo en la radio una noticia de última hora. Un avión alemán se ha estrellado en el sur de Francia. Qué horror…
Me siento ante la televisión, en la que están retransmitiendo un programa especial sobre el accidente aéreo, a la vez que hurgo distraidamente con el tenedor en la comida. „Barcelona, Germanwings“, no se me quita de la cabeza. De repente me vienen a la memoria las palabras ›Viaje de trabajo‹ y ›Jens‹. No se me van del pensamiento, se me atornillan en el cerebro. ¿No nos había comentado que esta semana tenía que volar a Barcelona por motivos de trabajo? ¿Y no era con Germanwings??? ¿Cuándo era el viaje? Maldita sea, ¿cuándo??? Por más que me rompo la cabeza soy incapaz de recordarlo. Noto cómo se me acelera el pulso.
¡Jens se ha estrellado!!!
Inmediatamente ahuyento este espantoso pensamiento.
¡Tranquilízate! ¡Una vez más tu imaginación se desborda!
¿Y si estaba en el avión…?
¿Le llamo a la oficina? ¿Le envío un SMS?
¡Va a pensar que su madre está mal de la cabeza!
Seguro que un email no sonará tan alarmista. Estoy luchando conmigo misma sobre escribirle algo así como: › Dime que estás en Alemania.‹
Abro la tapa del portátil. El teléfono suena.
Es Melanie, la novia de Jens. Llama desde Düsseldorf, donde mi hijo vive y trabaja desde hace diez años. Su voz suena como si estuviera a punto de llorar:
-¿Has oído las últimas noticias?
Respiro profundamente y luego le suelto impaciente: -¡Dios santo, no fastidies!!! ¡No me digas que iba en ese avión!?
-Es que no lo sé. Esta mañana me ha mandado un SMS diciendo que estaba en el aeropuerto de Barcelona.
No digo nada. La sangre se me agolpa en las venas.
Un poco más tranquila, continúa: -He llamado a su empresa. Lo único que saben es que vuelve hoy, pero no a qué hora.
-Ya…-. Soy incapaz de decir otra cosa.
-Necesitamos más informaciones«.
-Sí, es verdad. Tenemos que ponernos en contacto con Germanwings-, le respondo.
Melanie añade: -Su sitio web no se puede abrir.
-Voy a intentarlo yo también ahora mismo.
Me dice: -En cuanto una de nosotras se entere de algo, nos llamamos.
-Sí, de acuerdo, Melanie.
Me da su número de teléfono de la oficina.
Estoy sola. Hecha un manojo de nervios, paso inquieta de una habitación a otra. Imposible pensar con lucidez. Finalmente llego a la conclusión de que tengo que hacer algo. Pero, ¿qué? Sí, ¡ponerme en contacto con Germanwings! Encuentro el enlace de la página correspondiente, pero no se puede abrir.
Está sobrecargada, pienso.
Vuelvo a hablar por teléfono con Melanie.
-¿Cuál es el número de vuelo de Jens? -, le pregunto.
-Lo tengo aquí. Es el 4U9525.
-Y era el de Barcelona a Düsseldorf-, insisto, para no equivocarme.
-Sí.
-Seguro que no iba en ese avión…- Titubeo, antes de seguir hablando: -Aunque siempre ha sido un pájaro de mal agüero …
-Pero también siempre ha tenido un ángel de la guarda-, me interrumpe ella con rapidez.
-Exacto. Lo tiene.- De nuevo estoy convencida de que mi hijo vive.
-No puedo seguir trabajando. Me voy a casa.
-Sí, hazlo.Es mejor.
-Estoy pensando si no debería ir al aeropuerto-, continúa diciendo.
-No sé tampoco. Mejor que vayas a casa y procures calmarte.
Nos despedimos.
Intento localizar a Jens en el móvil. Sin éxito.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

(Continuará)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s