24 de marzo de 2015, martes – el día más negro de mi vida (2)

Sigo dando vueltas y vueltas por el piso. ¿Tendría que avisar a Thomas, mi segundo hijo, y a mi marido?
Pero en vez de hacerlo, me siento ante el ordenador y encuentro el número de teléfono de atención al cliente de la compañía aérea. Llamo y pregunto si nuestro hijo Jens se encuentra en la lista de pasajeros. El empleado me comunica que no tiene ni idea, pero que va a traspasar los datos que le he dado. Me dice que le llamarán. Parece que tal llamada nunca se llevó a cabo.
Lentamente descuelgo el auricular para llamar a mi marido. Por fortuna está en la oficina. Primero no entiende nada ya que no se ha enterado de las ultimas noticias.
Se lo explico.
Un largo silencio.
Luego me pregunta: – ¿Quieres que vuelva a casa?
Le digo que sí. Pero en seguida: -No, deja. Sigue con tu trabajo.-
Pienso que todo habrá sido un error y que las cosas se aclararán pronto. Pero, sí, quizá sea mejor que esté aquí. Así que rectifico y le digo: -Es mejor que vengas a casa.
-Ahora mismo voy.
Thomas tiene Skype desactivado. Le llamo al móvil. Nadie contesta.
Empiezo a buscar informaciones sobre el horario de vuelos entre Barcelona y Düsseldorf. Thomas me llama. Nada más pronunciar las primeras frases, me interrumpe:
-Despacio, mamá. No entiendo ni una palabra.
Intento dominarme y trato de concentrarme. Me escucha. Su respiración es pesada, traga saliva. -Voy a ultimar algunas cosas con mis compañeros y salgo para vuestra casa.
Por internet me entero de que solo hay un vuelo diario de Barcelona a Düsseldorf. Thomas vuelve a llamarme: -¿Era el vuelo de Barcelona a Düsseldorf… o al contrario? …
De nuevo voy de un lado a otro de las habitaciones, como un tigre al que las rejas de la jaula le aprisionan.
Mi marido abre la puerta y entra en casa.
Nos abrazamos. Le cuento todo lo que sé. (Está tranquilo y reflexiona con lógica. Lo mismo que yo).
Vuelvo a coger el móvil y dejo un recado en el contestador de Jens: »Hola Jens, llámanos, por favor. No dejes que esto se convierta en una pesadilla.«
Thomas llega a casa. Tiene la cara pálida.
Encendemos regularmente el televisor para enterarnos de las últimas noticias: Probablemente no hay ningún superviviente – el presidente François Hollande afirma que el número de víctimas procedentes de Alemania es muy elevado – todavía no se pueden proporcionar informaciones sobre las circunstancias del accidente – parece ser que la catástrofe se ha producido en una zona de difícil acceso, a unos 2000 metros de altura.
Melanie nos llama para decirnos que se va al aeropuerto de Düsseldorf acompañada de una amiga con la esperanza de obtener informaciones de primera mano. Promete informarnos en cuanto sepa algo nuevo. Una buena decisión, ya que nosotros vivimos a 500 kilómetros de Düssedorf.
Thomas intenta ponerse en contacto con Jens llamándole al móvil de la empresa. En vano. Comenta: -Si ni siquiera contesta al móvil de trabajo…qué mala señal…
Mi marido busca en el teletexto los números de urgencia que han puesto a disposición de los allegados de las víctimas. Thomas llama por teléfono a Germanwings, y yo intento ponerme en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Él lo consigue primero y les comunica los datos necesarios. Le dicen que le llamarán más tarde. Nunca lo hicieron.
Por mi parte, me veo obligada a escuchar durante al menos 10 minutos el himno nacional antes de que alguien se ponga al aparato. Muy profesionalmente apuntan todo tipo de datos. Me dicen que el Ministerio no tardará en llamarme. Una vez más, una de esas frases huecas que caen en el olvido..
-Mamá, ¿qué es lo que sientes?- Seguro que ha oído hablar alguna vez del instinto materno.
-Nada. Lo único que siento es un gran vacío-, le respondo.
Entretanto, otras llamadas de Melanie que sigue sin enterarse de nada nuevo. Intentamos consolarnos mutuamente: -Seguro que no estaba en el avión, ya que…-De repente interrumpe la conversación, parece que acaban de llegar »personas importantes«.
Al cabo de un rato, vuelve a llamar: -¡Está en la lista! ¡Tenermos que contar con un 99 por ciento de probabilidad de que estuviera en el avión!
¡Qué palabras!
Intentamos imaginar motivos que le hubieran impedido subir al avión. Por ejemplo, si le hubiera aquejado una fuerte migraña con problemas en la vista, algún tipo de parálisis, vómitos y diarrea, un accidente con fracturas graves (no sería la primera vez). En tal caso, estaría ingresado en un hospital sin posibilidad de avisarnos…etc. Acordamos informarnos mutuamente tan pronto como haya nuevas noticias llamándonos por teléfono aunque sea durante la noche.
Thomas se despide y se va.
Mi cabeza trabaja con lucidez. Incluso escribo un email para disculparme de no poder asistir a la clase de noruego al día siguiente. Me temo que ya pronto voy a empezar a funcionar mal.
Seguidamente, vamos al médico puesto que mi marido quiere quedarse en casa, no se encuentra en condiciones de ir a trabajar. Es mejor así. Yo le espero delante del edificio, caminando de una esquina a otra. En voz baja repito una y otra vez esta frase trascendental: »Nuestro Jens ha muerto.« Todo en mi interior está paralizado.
Por la noche vemos algunos reportajes especiales. Nos muestran las primeras imágenes del lugar del accidente que no dejan presagiar nada bueno.
Hacia medianoche damos un paseo y por fin nos acostamos.
Apenas me salen lágrimas.
Pongo el teléfono al lado de la cama.
Nadie llama.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s