26 de marzo de 2015, jueves – El segundo golpe

Hoy me siento un poco más entera.
Buscamos información sobre el estado de la situación en todos los medios informativos, en la televisión, en internet, en la radio, en la prensa, etc. Sólo dejo de lado ciertos periódicos sensacionalistas cuyos artículos no puedo soportar.
De manera oficial, nadie nos informa. Pero la sospecha de que Jens haya muerto en el accidente es abrumadora. De lo contrario, hace mucho que ya hubiera dado señales de vida, que se hubiese puesto en contacto con nosotros.
Por los medios de comunicación nos enteramos de que unas horas más tarde está previsto celebrar una conferencia de prensa con el fiscal francés Brice Robin. De ninguna manera queremos perdérnosla.
Mi marido ha reflexionado mucho sobre el viaje a Marsella. Finalmente, nos decididmos a ir allí y reunirnos con los compañeros de trabajo de Jens de Düsseldorf. Qué sensación de alivio. Quiero ver el lugar en el que nuestro hijo ha encontrado la muerte. Quiero saberlo todo, no dejar paso libre a la imaginación, incluso anque sea doloroso
Un empleado de la empresa promete que va a ocuparse de todo. Nos dice que por la tarde nos comunicarán los datos del vuelo a Marsella.
Como nos vamos al día siguiente, nos ponemos a preparar el equipaje.
Tengo que hablar mucho por teléfono. Hay que comunicar la terrible noticia a familiares y amigos, decirles lo que ha pasado, explcárselo. Cada conversación teléfonica me pone los nervios a flor de piel.
Hablo con mi mejor amiga, que conoce a Jens desde que nació y que vive muy lejos de nosotros: -Hola, Gitti- le contesto con un abatido „hola“, y se me hace un nudo en la garganta..
-Tienes una voz rara, ¿ha pasado algo?
-Jens ha muerto
Lanza un grito: -¿qué estás diciendo??? ¿Cómo???¿Jens muerto??!
Le cuento lo que ha pasado. Las dos rompemos a llorar.
Entre llamada y llamada hago largas pausas para recuperar fuerzas. Es demasiado para mí. Pero los familiares y amigos tienen derecho a saber lo que ha pasado. Todos querían a Jens por su carácter, por su incondicional alegría de vivir que tan bien sabía manifestar con sus palabras y con sus actos. Por eso, todos reaccionan con gran emoción ante esta muerte tan carente de sentido.
Después de comer, tocan al timbre. Ante la puerta, unos amigos. Se han enterado de la desgracia por sus hijos, que son amigos de los nuestros. Están conmocionados, llorando, apenas pueden contener su congoja. Su espontánea aparición nos hace bien. Nos ofrecen su apoyo en todo momento. Se van al poco tiempo, también esto es bueno.
Como la llegada de las visitas nos ha impedido ver la conferencia de prensa, intentamos recuperarla en una cadena que solo emite noticias. Se nota que el fiscal francés está visiblemente excitado. Gesticulando mucho, explica los hechos dando una noticia apabullante: los pasajeros del avión han sido asesinados. El copiloto, en estado depresivo, ha provocado la catástrofe intencionadamente.
Lanzo un grito: -¡Ese maldito cerdo!- y comienzo a llorar desesperadamente. Mi marido se pone pálido y me abraza. No puedo parar de sollozar, -¡ha matado a Jens! ¡los ha matado a todos! – ¡este asesino de masas!- En ese instante llama la doctora para saber cómo me encuentro. Musito algo en el auricular, balbuceante. Ella ya sabe el motivo e intenta tranquilizarme. Pero sus palabras caen en el vacío. Pese a ello, le estoy agradecida por haber llamado. Pero encontrar consuelo en una situación semejante es totalmente imposible. Me doy cuenta por pura intuición.
Thomas y su mujer vienen a vernos con su hijita Sassa. También ellos están aterrados con las nuevas revelaciones.
La niña no entiende lo que está pasando. Es demasiado pequeña para saber lo que es la muerte y menos aún un asesinato. Se ríe y solo tiene ganas de jugar.
Nuestra nuera Susi dice: -Me da mucha pena, después ya no se acordará de su tío Jens. No tiene más que dos años…
Me pregunto cómo se podría mantener vivo ese recuerdo. –Tenemos que hablarle muchas veces de Jens.
Pero ella replica: -Sí, claro. Pero en el futuro ella acabará por olvidarlo. Las imágenes se irán borrando de su memoria hasta que ya no quede espacio para él. Es demasiado pequeña .
A pesar de nuestra tristeza, Sassa, con su encanto infantil, consigue hacernos sonreír.
En cuanto se han ido, recibimos una llamada de Germanwings para comunicarnos los datos de nuestro vuelo al sur de Francia. Mañana volaremos desde el aeropuerto de Leipzig-Halle primero a Düsseldorf, donde pasaremos la noche. Al día siguiente seguiremos a Marsella, haciendo una escala previa en Munich. Al tercer día nos llevarán en autobús al lugar del accidente, que solo podremos ver de lejos. Un acceso directo es totalmente imposible, ya que el terreno hasta donde se encuentra el avión es inaccesible. Lo entendemos perfectamente, además no queremos ser un estorbo para los equipos de rescate. Regresaremos a Alemania al día siguiente.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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