29 de marzo de 2015, domingo – Viaje a Le Vernet (4)

Subimos al autobús. En Digne-les-Bains el conductor se detiene delante de un restaurante asiático en el que entramos para comer. Uno de los platos es sopa de fideos. Les explico a Christa y a Alexander que los japoneses pueden tomarla sorbiendo ruidosamente, es más, lo suyo es que la tomen haciendo ruido, pues de lo contrario el cocinero podría pensar que no les gusta. En Japón es usual hacerlo así. Y en efecto, de la mesa vecina nos llegan los ruidosos sorbidos. Nosotros hacemos lo mismo, lo que nos divierte. Qué placentero es reirse.
De nuevo tomamos asiento en el autobús, hacemos un pequeño recorrido por el interior del pueblo y nos detenemos delante de un edificio que tiene aspecto de ser el Ayuntamiento. Patricia Willaert, que ostenta el cargo de prefecto, sale a recibirnos.
Qué alegría me da emprender el viaje de regreso, agotada como estoy. Mi deseo era estar en las montañas cerca de Jens, y de hecho me hubiera gustado quedarme allí más tiempo. Lo que no podíamos sospechar era que el habernos unido a los colegas japoneses nos iba a obligar a someternos a un protocolo semejante.
Al llegar a Marsella, nos refugiamos en la habitación del hotel, nos echamos sobre la cama y buscamos en la tele emisoras alemanas.
Por primera vez me doy cuenta de lo bonita que es la vista del puerto antiguo y del otro lado de la orilla. Abro una ventana que resulta ser una puerta que da a una espaciosa terraza amueblada con confortables sillones. ¡No está mal! No obstante, me da la sensación de encontrarme en un mundo artificial. El motivo de estar aquí se encuentra en flagrante contradicción con la soleada realidad.
A pesar de sentir dolor en el alma y en el cuerpo, me encuentro algo mejor desde que hemos estado en la montaña.
Por la tarde, decidimos dar un paseo por la ciudad. Al salir del hotel, viene a nuestro encuentro uno de los colegas de nuestro hijo. Nos pregunta si estaríamos de acuerdo en reunirnos a las diez de la noche con los otros familiares, pues el presidente de la empresa llegará a esa hora procedente de Japón para transmitirnos sus condolencias. Dice que le gustaría vernos también a nosotros. Noto la inquietud del japonés, que parece saber cómo reaccionamos los alemanes. Le consta que estamos muy cansados después de un día tan agotador y que sin entrar en mayores consideraciones podríamos muy bien rechazar su propuesta. Pero accedemos. ¿Qué interés tendríamos en ofender a los japoneses? Además nos gustaría también conocer al jefe supremo de Jens. El colega nos sonríe aliviado.
Vamos paseando por el puerto viejo hasta llegar al mar. Hace un viento tremendo, como es habitual en la costa.
Me invade una sensación de melancolía, pero también estoy contenta de haber percibido la cercanía de nuestro hijo en la zona de alta montaña.
Caminamos cuesta arriba por una callejuela estrecha cuyas casas ruinosas parecen estar a punto de desmoronarse. Nunca me atrevería a ir de noche sola por estas calles, mejor dicho, nunca las pisaría. Volvemos al hotel y nos dirigimos a la sala en la que nos han citado.
Los familiares y los empleados ya están esperando, así como también el Cónsul General y el personal a su cargo. Tomamos asiento junto a Nakamura-san. Como suele ser frecuente, la expresión de su rostro no deja vislumbrar la menor emoción.
Se dejan caer algunas frases en japonés. Hablo en susurros con mi marido. Finalmente, aprovecho la ocasión para probar cómo son mis conocimientos de japonés. Al menos, lo suficientemente buenos como para seguir una pequeña conversación. Me miran complacidos. Charlamos sobre esto y aquello. Pero de repente empiezan a soltar resoplidos de risa porque al sustituir una palabra que no se me ocurría por otra similar con intención de explicarla, parece que suena en sus oídos de una manera muy rara. Nakamura-san me explica con gesto risueño la expresión correcta y entonces también nosotros nos echamos a reír. El ambiente es relajado hasta que aparece el presidente. Inmediatamente se hace silencio. Habla con lentitud, un empleado traduce al inglés para que nosotros lo entendamos. El director nos da el pésame, alaba los méritos de los dos colegas fallecidos. Se suceden largas pausas de silencio. Los japoneses intentan iniciar una conversación. Me preguntan qué es lo que nos ha contado el alcalde de Le Vernet a mi marido y a mí. Les respondo en inglés. De nuevo el silencio.
Más tarde me entero de que éste ha sido el último acto oficial del presidente antes de su jubilación. Nos dicen que por lo general es un hombre alegre. Y además esta desgracia le ha afectado seriamente.
El penoso silencio es cada vez más largo y pesa sobre nuestros hombros como una losa. Por fin la reunión termina. Mientras nos despedimos, se me acerca presurosa una joven japonesa a la que hasta ahora no he sabido asociar con exactitud. Tampoco ella habla alemán. Pregunta si ya sabemos cómo es el plan para mañana.
-Sí, lo sabemos
Vuelve a repetir la pregunta.
Le contesto: -Sabemos todos los datos para mañana.
De repente, me echa los brazos al cuello y empieza a sollozar con desconsuelo. Está conmocionada por la absurda muerte de sus compañeros, sobre todo por la de Jens, al que le unía una estrecha relación de trabajo. Nos enteramos de que era su secretaria. Permanecemos abrazadas largo rato, llorando las dos. Los japoneses están a unos pasos de distancia, emocionados también, mientras que mi marido nos rodea con los brazos a modo de consuelo. Nuestros sentimientos se mueven como si estuviésemos en una montaña rusa, arriba y abajo. Hace un rato estábamos riendo y ahora nos embarga una profunda tristeza.
Saqueamos el minibar y nos sentamos en la terraza de la habitación hasta muy avanzada la medianoche.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s