31 de marzo de 2015, martes – Viaje a Le Vernet (6)

°UNA SEMANA DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE°
Estoy ante el bufet del desayuno mirando lo que me apetecería poner en el plato. Entonces distingo al padre del compañero de trabajo de Jens que murió con él en el avión y que tenía dos niños pequeños.
Están desayunando y me miran sonrientes.
›¿Cómo se les puede decir que ya no tienen papá? ‹, me pregunto. ›Todavía no saben lo que significa la muerte. Alguna vez se preguntarán dónde está su papá y cuándo va a volver. Una situación difícil para la familia, sobre todo para la joven viuda.‹
Paso por delante de ellos y dejo sonar un amable »Ohaiyô Gozaimasu«. Nakamura-san me devuelve el saludo con una sonrisa. Intercambiamos algunas palabras, pero desafortunadamente mis conocimientos de japonés son muy escasos para poder mantener conversaciones complejas.
Después de desayunar vamos a ver a Melanie y a Hans, con los que pasamos casi todo el día. Hablamos mucho de Jens, nos entristecemos juntos y también reímos, cuando se nos ocurren historias divertidas que hemos pasado con él. ¿Reír? Me entra mala conciencia, pero me la quito enseguida de encima. Seguro que a Jens le gustaría mucho más vernos reír. Finalmente llega la hora de la despedida, pues a última hora de la tarde emprendemos el vuelo de regreso a Leipzig.
Tomamos un taxi para volver al hotel. El taxista es un típico prototipo de Düsseldorf y nos explica en un lenguaje cuajado de dialecto las atracciones de la ciudad que nos salen al paso durante nuestro trayecto. Nos cuenta chistes relacionados con la región, claro que el pobre no puede imaginar la clase de cargamento que lleva a bordo en su taxi.
Fuera, los transeuntes caminan doblados para hacer frente a la tormenta. Algunas ramas de los árboles se rompen y caen al suelo de la calle estrepitosamente. Al bajar del vehículo, una fuerte ráfaga de viento empuja la puerta del taxi violentamente hacia atrás.
En el hotel ya nos está esperando la señora Zeisel con cara preocupada. Nos sentamos a su lado. Nos dice: -La tremenda tormenta ha obligado a muchos aviones a quedarse en tierra. Tampoco su vuelo está asegurado. Podríamos ir al aeropuerto a probar suerte, pero es muy probable que tengan que esperar una eternidad y que al final el avión no pueda despegar. Y si despega, con este viento huracanado el vuelo seguramente no será un placer.- Levanta la taza, toma con determinación un sorbo de café y prosigue: -La red de ferrocarril está casi colapsada. Les aconsejo que pasen aquí una noche más
Después de darle muchas vueltas, decidimos aceptar su propuesta. Más tranquilidad para nuestros deteriorados nervios.
Un profundo suspiro nos indica lo aliviada que está. Hablamos sobre los pormenores del vuelo de mañana.
Mi marido le pregunta: -¿Podría enterarse usted de cómo se encuentra la pequeña elefantita?
El encargo le gusta, se ve que ya sabe que hace unos días nació un bebé elefante en el zoológico de Leipzig. Ella también es originaria de nuestro mismo estado federal.
Nos quedamos charlando durante un rato más. Me agrada su manera de ser, firme y natural. Finalmente se despide de nosotros.
Nos quedamos en el restaurante del hotel.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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