1 de abril de 2015, miércoles – De nuevo en casa

Nos levantamos muy temprano, el avión a Leipzig sale a las 6:50 h. La tormenta con los tremendos vientos huracanados ha desaparecido, así que aterrizamos en el aeropuerto de nuestra ciudad sin dificultades.
Estoy de nuevo en casa y tengo la sensación de caer otra vez en un profundo agujero. Los últimos días estábamos obligados a seguir un programa estrictamente organizado, y eso se acabó. Ahora estamos abandonados a nuestra propia merced, tenemos que forzarnos a hacer todas las cosas pendientes o a matar el tiempo.
Veo que me ha llegado un email con una foto. Me la ha mandado Olli, un chico de la asociación de triatlón de Düsseldorf. Él y otros amigos deportistas del grupo han participado en una carrera de invierno celebrada en Duisburg, a la que también se había inscrito Jens. Bajo su ropa de deporte, Olli ha hecho el recorrido y ha atravesado la meta con el dorsal de salida de Jens. Todos los participantes de la asociación llevaban también una foto suya en la espalda durante la carrera.

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En su correo me escribe: »Además de la foto en la espalda, también llevábamos una cinta blanca alrededor del brazo o de la muñeca. En la cinta habíamos escrito „Jens“. En la foto sólo puedes ver a cuatro de nosotros, pero ese día éramos más de diez al iniciar la carrera. Para todo el grupo fue un momento muy especial, sobre todo en el momento de atravesar la meta, ¡con Jens! A la llegada nos abrazamos. Para todos estaba claro que ese día no se trataba de llegar antes o después…la sonrisa de Jens nos dio fuerza“. Estoy emocionada y conmovida.
Las manecillas del reloj apenas parecen avanzar. Sentada en el sofá, me pregunto lo que podría hacer. Las cosas que antes me gustaban, como aprender idiomas, leer un libro o escribir historias, han dejado de interesarme. No soy capaz de sobreponerme a nada. Incluso en la casa solo hago las labores domésticas imprescindibles.
Me pongo a leer el periodico. En la primera plana dicen que han tenido que sacrificar al bebé elefante de nuestro zoológico. No vivió más que seis días. Después de una operacion en una pata ya le faltó la fuerza para sobrevivir.
›Todo muere‹, pienso, luchando con las lágrimas. ›Al menos la pequeña elefantita tendría que haber podido seguir en vida. ‹
Voy pasando las páginas. ¡Germanwings! Lo único que me interesa son las informaciones sobre el accidente:

En la vivienda de Düsseldorf del copiloto, los investigadores han descubierto certificados de bajas por enfermedad que no había entregado, sino que se encontraban rotas o arrugadas en la papelera. El día en el que se lanzó contra la pared rocosa de la montaña con el vuelo 4U9525, le habían acreditado incapacidad laboral. La obligación de los médicos al silencio profesional rige también con relación al empleador. Asimismo, han aparecido recetas de psicofármacos que se prescriben a enfermos con depresión bipolar, grandes cantidades de somníferos así como cajas sin abrir de psicofármacos. Años antes al acciente, el copiloto del avión de Germanwings había acusado tendencias suicidas y había estado en tratamiento psiquiátrico. Recientemente había sufrido un desprendimiento de retina, por lo que estaba aquejado de enormes problemas de visión. Si en estos casos el tratamiento se inicia tarde, para un piloto significa el final de su vida profesional. Parece que la capacidad visual de este hombre había disminuido un 30 por ciento. Hace seis años, cuando estaba realizando su formación profesional para ser piloto, tuvo que interrumpirla durante algunos meses.

¿Cómo es que nadie se dio cuenta de la depresión del copiloto? ¿Qué papel ha representado su madre? ¿Qué cosas le ocurrieron en la niñez? Algo tuvo que haber pasado para que pudiera realizar tan a sangre fría un asesinato colectivo y fuese capaz de una maldad tan patente. Indudablemente alguien no cumplió con su obligación de vigilancia. ¿Habría que transmitr al empleador los datos referentes a la salud? Estas preguntas me persiguen. Lamentablemente no encuentro respuestas. Mi esperanza es que los investigadores y los abogados algún día sí las encuentren.
Me quedo mucho tiempo sentada en el sofá, sin dejar de darle vueltas a la cabeza.
¿Cuándo conseguiremos por fin tener un poco de tranquilidad?

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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