7 de abril de 2015, martes – La pesadilla

°DOS SEMANAS DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE°
La pesadilla se puede formular en dos frases: »Nuestro teléfono suena. Mi marido levanta con violencia el brazo hacia arriba y grita ›¡el teléfono suena!‹«
No es en absoluto espectacular. Sin embargo, una peculiar luz rojiza lanza su sombra sangrienta sobre la moqueta gris. El grito suena falseado de forma polifónica en tonos de voz al mismo tiempo bajos y agudos. La cara de mi marido se transforma en el horripilante rostro de un zombie. El brazo adquiere un tamaño desmesurado mientras señala hacia el techo de la habitación.
Incluso en la fase de despertarme, que se me antoja enormemente larga, sigo gritando. En un momento determinado me doy cuenta de que los gritos de socorro son mudos. Todo mi cuerpo tiembla, estoy empapada en sudor. El pulso me acelera la sangre y noto que me zumba en los oídos. El corazón se mueve a trompicones por el pecho que parece estar comprimido por un anillo de metal. Estoy jadeante. Un miedo incontrolable se ha apoderado de mí.
Como ya en el pasado nos enteramos varias veces por teléfono de acontecimientos horribles, la reacción actual me parece excesiva. El no poder controlarla me llena de inseguridad.
Con el pensamiento de „hasta aquí y no más, necesito un psicólogo“, llamo a mi médica de cabecera. El contestador automático me dice que está de vacaciones.
›¡Lo que me faltaba! ¿Y ahora qué hago?“ De repente me acuerdo de la tarjeta de visita que la psicóloga de Düsseldorf me dio antes de emprender el viaje a Le Vernet. Busco en los bolsillos de diversas prendas de ropa hasta que finalmente la encuentro.
›¡Es psicóloga!”, me advierte una parte de mí misma. ›Pero era simpática y daba sensación de ser competente‹, me replica mi otra parte. Decidida, agarro el teléfono. Ella misma se pone al aparato y enseguida sabe quién soy. Le explico lo que me oprime. Hablamos por lo menos durante una hora entera. Noto que me voy tranquilizando. Dice que me va a ayudar a encontrar un psicólogo cerca de donde vivo y que pueda darme una cita a corto plazo. Me promete llamarme mañana. Me embarga una sensación de alivio.
Nos dirigimos al Registro Civil para que nos extiendan un certificado de nacimiento internacional de Jens. Lo necesitan los franceses para poder expedir el certificado de defunción. En la oficina apenas nos hacen esperar.
Después vamos de tiendas, ya que necesitamos ropa negra. El 17 de abril se celebran en la Catedral de Colonia los funerales por las víctimas del accidente y estamos muy interesados en asistir a la ceremonia. ¿Ropa de luto por Jens? Me siento desplazada, como si me hubiera equivocado de sitio, ¡qué sensación alienante! ¿Ha pasado todo esto realmente?
Me pruebo algunas prendas y vuelvo a rechazarlas. No tengo nada contra el color negro, pero tener que usarlo para esta ocasión me llena de tristeza. Al poco tiempo estamos tan agotados que interrumpimos nuestro recorrido
Al menos la comida en el restaurante me gusta. Tengo que tener cuidado, ya que la aguja de la báscula siempre va hacia abajo. Normalmente soy lo que se llama un peso ligero, pero no me gusta que la cifra de los kilos empiece con el cuatro. Quién sabe cuántas reservas necesitaré todavía.
Por la noche busco en internet y en el periódico nuevas noticias sobre la catástrofe:

La evaluación de la segunda caja negra del Airbus de Germanwings, que fue encontrada el jueves pasado, confirma la tesis de que el accidente fue intencionado. El copiloto, Andreas Lubitz, se sirvió del piloto automático para provocar el descenso del aparato a una altura de 100 pies, lo que equivale a unos 30 metros, según declaró la Autoridad de Investigación de Seguridad de la Aviación Civil Francesa BEA el viernes en París. Durante el descenso, el copiloto modificó varias veces los ajustes del piloto automático con la intención de aumentar la velocidad del avión en su descenso. Se están continuando las labores de investigación a fin de determinar con exactitud cómo se desarrolló el vuelo de la aeronave. – Según declaraciones de Brice Robin (Fiscal general de Marsella), en el lugar de la catátrofe se han encontrado 42 teléfonos móviles muy deteriorados. Entretanto, ha sido posible aislar 150 perfiles genéticos diferentes a través de las 2285 muestras de ADN encontradas en el lugar de la catástrofe. Los perfiles genéticos deberán compararse con las muestras de ADN proporcionadas por las familias de las víctimas. La elaboración de este análisis durará entre tres y cinco semanas.

¿Cuándo podremos enterrar a nuestro Jens?

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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