21 de marzo de 2017- POR UN MOTIVO DE GRAN ACTUALIDAD – la conferencia de prensa de la familia Lubitz.

Espero no desorientar demasiado  a mis lectores si abandono la cronología de Grietas en el alma que he seguido hasta la fecha para tratar un tema de gran actualidad sobre el que me veo en la obligación de opinar.
La familia Lubitz ha convocado una conferencia de prensa en Berlín. Quieren presentar un dictamen pericial con la intención de liberar a su hijo de la carga culpable que pesa sobre él. Es un deseo legítimo.  Puedo entender que los padres quieran proteger e incluso defender a sus hijos, incluso más allá de  lo mesurable. Y si el hijo ha muerto, desean recordarlo con dignidad. Lo entiendo, ya que soy madre. Pero también hay límites.
La familia Lubitz nos ha provocado a los familiares de las víctimas una y otra vez. Empezó con una manifestación pública de agradecimiento que fue publicada el 4 de abril de 2016 en un diario regional. Emplearon frases que consideré ofensivas y que me dieron miedo. No hicieron la más mínima alusión  a las 149 víctimas. Para nosotros ese anuncio fue una auténtica provocación.
El 15 de agosto de 2016, los medios de comunicación procedieron a informar sobre  la lápida funeraria de Andreas Lubitz. Cuando la vi por primera vez se me saltaron las lágrimas. Nadie impide a la familia Lubitz su pena y su duelo, también ellos han perdido a su hijo. Y tampoco se puede  prescribir a nadie el tipo de lápida que quiera elegir. ¿Pero por qué se muestra en ella una montaña? ¿Y al lado, una imagen de agua que a mí inmediatamte me trajo a la memoria  el riachuelo que fluye junto a la zona en la que ocurrió el accidente? Es algo que me desconcierta y me duele. La monumental lápida provoca además irritación. Si yo fuese la madre de un hijo semejante, me preguntaría: ¿Cómo pudo llegar a ocurrir algo así? ¿Qué es lo que he hecho mal?  Me sentiría también culpable y mostraría humildad, en lugar de lastimar a los allegados de las víctimas con una lápida así.
La convocatoria de ayer de la conferencia de prensa representa otra provocación sin precedentes para todos nosotros, los familiares de las víctimas. Nos llena de tristeza y trastorna nuestros sentimientos, justo ahora  que se aproxima el segundo aniversario de la catástrofe. Y en esta situación nos llega tal noticia.  Ayer no podía dar crédito a mis ojos cuando vi la fecha de la conferencia de prensa. Tendrá lugar el 24 de marzo, el día que murieron nuestros seres queridos. Comenzará a las 10.30. El piloto, que había tenido  que abandonar la cabina por necesidades físicas y que ya no pudo volver a entrar en ella, estuvo intentando desesperadamente  abrir la puerta desde fuera durante más de 10 minutos.  Son los minutos en los que el copiloto inició intencionadamente el asesinato colectivo (ya lo había ensayado en el viaje de ida a Barcelona, es un hecho probado).  A las 10.41 el avión se estrelló contra una roca en los Alpes del sur de Francia.
¿Qué es lo que impulsa a la familia Lubitz a estos juegos siniestros con nosotros? Después de haberlo reflexionado mucho, estoy plenamente convencida de que quieren provocarnos deliberadamente. Ignorando a nuestros muertos, ignorando nuestros sentimientos. Nunca han expresado ni una palabra sobre las víctimas y nunca  han manifestado ni una palabra de pesar respecto a nosotros. Ignoran las contundentes pruebas de las autoridades encargadas de la investigación, el registro de la grabación de voces; no quieren admitir la culpabilidad de su hijo. Hablan de la falsa imagen que se ha transmitido de su hijo. Pero ellos sabían muy bien en qué estado se encontraba y que tomaba diversos tipos de antidepresivos. La madre y la novia escribieron cartas a los médicos que lo trataban.También ellos habrían tenido que evitar que Andreas Lubitz volase, ya que padecía de una grave depresión  y además su capacidad visual era muy limitada.
No puedo prohibir a sus padres  que muestren dudas  en cómo se desarrollaron los hechos, pero al menos podrían haber elegido otra fecha para celebrar la conferencia de prensa.
En fin, necesitaba dar rienda suelta a todo esto. Me propongo firmemente que  la próxima vez que la familia Lubitz nos provoque, no dejaré que me sacudan los temblores ni que me sobrevenga el llanto.
En estos momentos necesitaría calma,  y la busco en vano.

Jens está muerto.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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