11 de abril de 2015, sábado – Primer encuentro de los allegados de las víctimas organizado por el servicio de Asistencia Pastoral de emergencia en Düsseldorf (2)

Un señor de edad madura manifiesta su deseo de hablar. Con un movimiento rápido, echa la cabeza hacia atrás y lleno de ira se desahoga: – Ningún organismo oficial nos ha informado de que mi hermana estaba en la lista de pasajeros ni de que la catástrofe le ha costado la vida, pese a que yo me puse en contacto con Germanwings. Estuve esperando en vano una llamada de la compañía ¡Todo lo que hemos sabido ha sido a través de la televisión!
Un participante más joven le interrumpe: – Yo llamé al ministerio de Asuntos Exteriores. Tampoco ellos me devolvieron la llamada pese a que me dijeron que lo harían.- Su rostro se muestra encendido de ira.
Una señora de mediana edad interviene y dice con voz cínica: -Pues yo sí que recibí una llamada. Era ya tarde, hacia las 22:00 horas, ya estaba en la cama, de puro agotamiento. Entonces llamó alguien del Centro de Asistencia de Germanwings y me preguntó si tenía en la nevera suficientes cosas para comer. Así que ya lo ven, ¡qué más quieren!
En la sala se percibe un murmullo de voces, el ambiente está enrarecido.
Yo también intervengo: – A mí me preguntaron si de vez en cuando quería recibir llamadas del Centro de Asistencia para que supiesen cómo estoy. Les dije que no, puesto que no lo necesito. Mi familia se ocupa de mí.
Una señora prosigue diciendo: – También en mi caso me enteré por la televisión de todas las informaciones, incluso de la noticia de que la desgracia no se había debido a un fallo técnico, sino que mi cuñada había sido asesinada por un copiloto depresivo. ¿Por qué no se informó a los familiares de las víctimas antes de la conferencia de prensa convocada por la Fiscalía francesa? ¡Eso hubiera sido lo propio!
Otro participante replica: – Quizá no se les puede hacer tantos reproches. Al principio todo es un auténtico desbarajuste. Sólo después de cierto tiempo es posible organizar bien la manera de hacer las cosas.
El ambiente se vuelve cada vez más agresivo. Los „furibundos“ toman la palabra. Siento el ansía de salir corriendo. Esta tremenda descarga de furia es demasiado para mi desolado estado de ánimo. Por fin, hacemos una pausa. Fuera, en la antesala, nos está esperando un buffet frío, así como diversos dulces.
Me pongo a hablar con una voluntaria pastoral. Me sonríe y me cuenta que hace años perdió a su pareja. Dice que él estaba en el extranjero y que el avión se estrelló contra una roca. La contemplo sorprendida. Comenta lo difícil que le resultó volver a rehacer su vida. Explica que todos los años acude al lugar del accidente para visitar al novio muerto.Y que siempre se lleva un recuerdo de allí, a veces una piedra de la montaña, otras la piña de un abeto
La pausa finaliza y volvemos a ocupar nuestros puestos sentados en círculo. Decidimos repartirnos en dos grupos. El primero se dedicará al tema de cómo hacer frente al duelo, mientras que el otro grupo está pensado para todos aquellos familiares que quieran dar rienda suelta a su indignación.
Me siento aliviada. La mayoría, al igual que mi marido y yo, nos unimos al grupo que quiere afrontar el duelo.
Los «insatisfechos» se separan de nosotros y se van a una sala de conferencias vecina para intercambiar entre ellos sus problemas particulares en presencia de algunos asistentes pastorales.
Nosotros miramos llenos de expectación hacia adelante. Una asistente pastoral que lleva el pelo larguísimo nos cuenta que perdió a su pareja con ocasión del tremendo incendio que hubo hace algunos años en el aeropuerto de Düsseldorf. Explica que murió asfixiado dentro del ascensor. Y esto fue tan horrible para ella que después pasó los primeros tiempos como en trance. Pero finalmente se sobrepuso y consiguió darle sentido a su destino. Dice que nota como si su novio estuviera siempre a su lado, que incluso ahora lo percibe en su interior, acompañándola a todas partes.
Cuenta que tuvieron que pasar años antes de poder comenzar una nueva relación.
Dos asistentes pastorales están ante nosotros dándonos ejemplo de que pese a haber sufrido tremendas tragedias también existen caminos para salir del dolor y poder continuar una vida relativamente satisfactoria.
El destino que atravesaron los familiares es triste. Una familia perdió de golpe a tres de los suyos. Dos niños se han quedado sin padres y los parientes tendrán que ocuparse de ellos.
Una madre cuenta que los familiares afectados se fueron a vivir juntos durante algunos días para poder soportar en grupo este golpe del destino. Se reunían con frecuencia para hablar de las personas fallecidas. Recordaban momentos divertidos que habían vivido juntos y hablaban del sufrimiento que amenazaba con aplastarlos. Unidos fueron capaces tanto de reír como también de llorar.
Al final de la reunión, apuntamos todas las preguntas que queremos plantear a los expertos que acudirán a la reunión de mañana. Entre ellos habrá dos representantes de Germanwings.
Un asistente pastoral nos indica que si queremos, después de la cena podemos reunirnos con toda libertad en el restaurante del hotel en un ambiente relajado.
Alguien expresa el deseo de rezar, y una señora interviene: – ¿Y si incluimos también en nuestras plegarias a la madre del copiloto? ¿Cómo será su estado de ánimo? Ella no tiene la culpa.
Nos mostramos de acuerdo.
Todos estos destinos, además del mío propio, me sobrecogen. Me pregunto si no hubiera sido mejor haberme quedado en casa y no aumentar aquí aún más mi sufrimiento.
Asistimos a un breve acto religioso. La música del piano y también las palabras que se pronuncian ayudan a sosegar mi espíritu. Seguidamente, nos brindan la oportunidad de encender velas en recuerdo de nuestros seres queridos. Nos dicen que podemos pronunciar el nombre de la persona fallecida. Nos unimos a la fila. Le pido a mi marido que encienda él la vela, pues mis manos temblorosas con toda certeza no acertarían a encontrar la mecha. Cuando estamos ante la vela dedicada a nuestro hijo, mi marido me toma de la mano y ambos la encendemos juntos.
Intento decir con voz firme : – Por Jens
Después de cenar, vamos a dar un paseo por las calles de Düsseldorf. Por pura casualidad llegamos al Rhin. Pero lamentablemente la oscuridad es tan profunda que decidimos dar marcha atrás. Mi agotamiento es tal, que preferimos ir a la cama y no acudir al restaurante del hotel. Es casi medianoche.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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