17 de abril de 2015, viernes – El funeral en Colonia (2)

Con Johannes y su familia esperamos a los autobuses, que llegan al cabo de unos minutos para llevarnos primero al Maternushaus. Subimos. Los cristales de la ventanilla están tintados por el lado de fuera, de manera que nadie puede mirar el interior desde la calle. Una escolta policial nos abre paso.
Dentro del autobús reina un pesado silencio.
En Maternushaus nos encontramos con la novia de Jens y su padre, así como con otros familiares que ya conocemos. La madre de la familia marroquí contempla con mirada ausente la multitud de gente internacional.
La Presidenta del Gobierno del estado federal de Rhenania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, se dirige a nosotros para saludarnos.
En la sala reina un ambiente sombrío. Nos ofrecen un abundante buffet. Al ir a buscar un café, me encuentro con algunos de los asistentes pastorales de Düsseldorf que me reconocen y con los que intercambio algunas frases.
En un convoy de vehículos protegido proseguimos nuestro trayecto. A lo largo de la acera unos pocos periodistas gráficos filman el convoy. Los transeúntes se detienen y contemplan con expresión sería el paso de los autobuses. Pósters con cintas negras de luto con la inscripción 4U9525 brillan al sol. Toda la ciudad y la gente congregada ante el televisor están de luto.
De repente nos quedamos estancados. Imposible avanzar. El conductor (¿o acaso fue un error de la escolta?) se ha quedado aprisionado en una zona de la calle donde hay obras. No puede avanzar por la estrecha curva que han formado las pesadas barreras de señalización de la obra. Finalmente, baja del autobús para inspeccionar de cerca la desgraciada situación, se rasca la cabeza e intenta correr a un lado las barreras que nos impiden el paso y están llenas de carteles publicitarios. Pese a la ayuda de los agentes de seguridad, la maniobra fracasa. Sube de nuevo al autobús y trata una vez más de tomar la curva. Los pasajeros empiezan a estar inquietos. Estiramos el cuello para poder ver lo que pasa. La policía hace señales para ayudar al conductor en la operación de avance y retroceso. Adelantar un poco, girar el volante, volver hacia atrás, de nuevo girar el volante, avanzar algunos pasos, retroceder…y así durante 10 minutos durante los cuales los pasajeros seguimos atentamente estos movimientos. Por fin, el ángulo del autobús va mejorando en el intento de doblar la calle.
De repente, por mi lado del autobús percibo un sonido chirriante. La valla de la obra, que se encuentra muy cerca de mí, comienza a oscilar peligrosamente y amenaza con derrumbarse. Instintivamente me aparto rápida de la ventanilla.
Por fin, el conductor consigue doblar la curva. Aliviados, los pasajeros le aplaudimos.
A pesar de la interrupción, conseguimos llegar puntualmente.
Nos bajamos directamente delante de la Catedral. A la entrada nos controlan las banderolas grises que nos permiten acceder al templo. Alrededor de todo el recinto de la Catedral impera el nivel de seguridad más alto.
En los escalones de acceso al altar han encendido 150 velas blancas. Cada una por cada víctima de la tragedia. Esa misma mañana, mi marido y yo nos hemos enterado de que el Cardenal Woelki ha dispuesto que también haya una luz encendida por el asesino de las víctimas. No estoy de acuerdo en absoluto. Justo por este motivo algunos familiares han decidido no asistir al acto religioso.
Los asistentes pastorales nos conducen a la nave central donde tomamos asiento. La primera fila está reservada a las autoridades.
Leo el programa situado delante de mí que han colocado junto con un ángel de madera que proviene de un taller de discapacitados en Rusia. La idea es que nos apoye y nos dé ánimo. Lo agarro y aprieto su madera suave.

Delante de nosotros están sentados unos israelís que se distinguen por los pequeños casquetes blancos que llevan en la cabeza. A mi lado oigo hablar español.
Las campanas de la catedral comienzan a repicar. El oficio ecuménico comienza con un réquiem. Hablan el cardenal Rainer Maria Woelki y la presidenta de la Iglesia Evangélica Anette Kurschus. Las oraciones, lecturas y sermones se intercalan con piezas musicales del coro. Una cantante de ópera canta un solo. En el accidente perdió a dos colegas que volvían a casa en el siniestrado Airbus y que lamentablemente nunca llegaron a su destino.
Los voluntarios pastorales y una mujer joven a la que ya conocemos expresan mensajes de esperanza. Ella se llama Sarah y perdió a su hermana en la catástrofe. Admiro su valor y la fuerza de, pese al duelo, hablar en público en la catedral. „Pido por todos los familiares y amigos de los pasajeros y de la tripulación que con intenso dolor echan de menos a sus seres queridos“, lee con voz temblorosa. La voluntaria pastoral del pelo largo está a su lado, muy cerca, para sostenerla si fuera necesario.
El acto se retransmite en directo en numerosos países. En diferentes puntos de la ciudad se han instalado pantallas gigantes en las que los habitantes de Colonia pueden seguir el funeral.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

(Continuará)

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