17 de abril de 2015, viernes – El funeral en Colonia (3)

Los cámaras del equipo gráfico en el interior de la catedral sólo nos filman por detrás. Nos parece bien, ya que todavía no hemos salido del anonimato y nos aterra la prensa de ciertos periódicos sensacionalistas.
El lloro de un bebé resuena a través de toda la catedral. Los padres no consiguen hacerle callar. Es como si todo el dolor de los asistentes estuviera concentrado en esa pequeña boca y buscase llorando el camino hacia fuera.
Tiemblo, a pesar de mi chaqueta de abrigo. En la catedral no hay calefacción. El frío se filtra a través del grueso tejido y de los zapatos. Tengo los dedos blancos como la cera y en la punta no percibo la menor sensación.
La jefa del Gobierno de Renania del Norte-Westfalia abre la intervención del estamento político. Podemos seguir con auriculares todos los discursos que son traducidos simultáneamente a varios idiomas. Intervienen el ministro español del Interior, Jorge Fernandez Diaz, y el secretario de Estado francés Alain Vidalies. Pero lo que más me impresiona son las palabras y pensamientos del presidente alemán Joachim Gauck. Dice que nunca hay una absoluta seguridad que nos prevenga de defectos técnicos o de fallos humanos, y todavía mucho menos de la culpa humana. Subraya que una vida sin confianza es inconcebible. Ningún tipo de psicología ni de técnica es capaz de erradicar totalmente del mundo la fuerza del mal.
Mi marido me susurra que nuestro hijo está hablando con él y que le comenta su opinión de lo que está pasando. Es su manera de enfrentarse a este espantoso acontecimiento. Dice que Jens encuentra muy bien que todos los políticos estén ahora a sus pies.
La ceremonia finaliza con música de órgano. Lentamente vamos saliendo del templo con los otros familiares. Distingo a los alcaldes de Le Vernet y de Prads. Llaman la atención por las fajas que llevan con los colores de la bandera nacional.
La plaza de la catedral está totalmente acordonada. Muy detrás puedo ver a la población y las cámaras.
Subimos a los autobuses que nos están esperando. A mi lado se sienta una señora sacudida por temblores de pies a cabeza, no puedo saber si por el frío o por la tristeza. Se limpia las lágrimas con un pañuelo, toma algunas pastillas e inmediatamente se pone a teclear en su móvil. Esto parece tranquilizarla.
El autobús nos lleva al Maternushaus. Allí éstá prohibida la entrada a los representantes de la prensa.
Nos ofrecen un buffet, pero por mi falta de apetito solo soy capaz de tomar una sopa caliente.
También se encuentran entre nosotros Joachim Gauck, Hannelore Kraft y Angela Merkel. A ésta última no la veo, pero distingo al señor Gauck enfrascado en una conversación con algunos familiares de las víctimas.
Intercambiamos algunas palabras con un miembro de la organización de ayuda a víctimas denominada Weißer Ring, en español algo así como Círculo Blanco. Se muestra extrañado de que regresemos a casa en tren y no en avión. Nos dice: -¿Y están seguros de que van a llegar? Es una alusión irónica a lo mal que funciona la Deutsche Bahn, la compañía de ferrocarriles, y sonríe malicioso.

A la salida nos llevamos una de las velas de la catedral, la que estaba encendida por Jens en los peldaños del altar. Así permanecerá en nuestro recuerdo. Negando su muerte.
El trayecto de los autobuses al hotel se alarga debido a la densidad del tráfico y a una desviación.
Me doy cuenta de que todavía llevo fuertemente agarrado en la mano el ángel de madera.
Por la tarde, antes del atardecer, damos un paseo al borde del Rhin.
El sol no encaja con la tristeza que paraliza cada uno de nuestros pasos. Intento reprimir mis frecuentes ataques de llanto respirando y aspirando con profundidad.
Pasamos las últimas horas de la tarde en la sala del hotel reservada para los familiares de las víctimas. Al ser ya tarde, solo hay dos mesas ocupadas. El vino nos traspone en un estado de melancolía, al revés que a una familia extranjera detrás de nosotros que se vuelve cada vez más ruidosa por los efectos del alcohol. Con ánimo festivo ríen y se hablan a gritos. No tiene nada de malo si el consumo del alcohol aumenta, especialmente en la situación en la que nos encontramos. Y reírse aligera el espíritu. Pero este alboroto me resulta excesivo. Abandonamos la sala. Lo único que quiero es volver a casa. Mañana emprendemos el camino de regreso.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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