19 de abril de 2015, domingo – Cambio de comportamiento

22Nada es posible, ni la lectura de libros o revistas ni el deporte de rehabilitación que he cancelado por tiempo indefinido. Hasta evito pasar por mi amada piscina, a la que tanto me gustaba ir. Mi motivación es nula. La concentración apenas existente. Hago una llamada para anular el curso de noruego con el que quería continuar el semestre que viene. ¿Cómo poder entender reglas de gramática, o peor, aprender vocabulario en el estado nebuloso en el que me encuentro? Y encima tendría que hablar con mis compañeros de clase…no, me faltan las fuerzas. Todo tipo de comunicación me resulta difícil. Hasta los familiares y mis mejores amigos están incluídos. Pese a todo, me gusta que llamen para saber cómo estamos. Todos demuestran una conmovedora solidaridad y están preocupados por nosotros, aunque también ellos mismos sufren por la muerte de Jens. Es bueno saber que existen. A pesar de todo, me doy cuenta que desde la catástrofe apenas soy capaz de escucharles cuando me hablan de asuntos cotidianos. Normalmente siempre me interesan sus problemas. Ahora tengo que esforzarme, no quisiera perderlos. ¡Pero nuestro hijo está muerto. Está muerto, muerto, muerto!!! Todo lo demás es irrelevante.
Las cosas de la vida adquieren para nosotros otra dimensión. Generalmente los seres humanos se quejan por pequeñeces que no tienen la menor importancia para ser feliz. Hay realmente cosas mucho más primordiales. Con la breve duración de un pestañeo, pueden sobrevenir sombras negras que ocultan los vivos colores de este mundo. Y entonces ya nada vuelve a ser como era antes…
La voluntaria pastoral del pelo larguísimo me ha mandado por correo electrónico las instrucciones que nos prometieron en la reunión de Düsseldorf para hacer compresas húmedas con lavanda. Parece que calman y que son efectivas contra estados de ansiedad. Yo le había contado que a veces mi corazón se paralizaba, golpeaba con fuerza o de repente latía a toda velocidad.


Dice que puedo untar el aceite de lavanda también en la planta de los pies y en las palmas de las manos. » Verá que le ayudará mucho », escribe.
Decidimos consultar con un abogado que nos han recomendado otros familiares. Tanto nuestra conversación por teléfono como todo lo que hemos averiguado sobre él nos convencen plenamente. Para nada es un abogado „de secano“. Es un especialista que sabe mucho de derecho aéreo y que trabaja en el ámbito internacional. Ya ha representado con éxito en el pasado a familias de víctimas de otras catástrofes. Sin contar con asistencia legal nosotros estaríamos totalmente sobrepasados. Si la situación se agravase, a él la Lufthansa no podría estafarle. No obstante, piensa que será posible llegar a un acuerdo extrajudicial con la compañía. Su deseo es cooperar con otros abogados para presentar una demanda colectiva. Todas estas cosas me dan terror.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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