19 y 20 de junio de 2015, viernes y sábado. – De la naturaleza, las letras y el anonimato

Estoy satisfecha de mí misma, ya que soy capaz de dedicarme a actividades útiles aunque esto no consiga borrar mi tristeza. Pongo sábanas limpias en las camas y ordeno un armario sacando lo que no me sirve. Meto en una bolsa la ropa de vestir pasada de moda para llevarla al contenedor. Despúes me derrumbo en el sofá totalmente agotada.
Oigo el zumbido del teléfono. La empleada de la funeraria me comunica que ya ha llegado la urna que habíamos elegido y que podemos ir a verla. La vimos en un catálogo y a todos los de la familia enseguida nos pareció bien.
Puesto que nos gustaría ver el original antes del entierro, nos dirigimos a la funeraria. Contemplamos las imágenes que adornan todo el contorno de la urna. El mar y el cielo resplandecen ante nuestra vista en tonos de un azul intenso. El color beige de la arena está interrumpido por huellas de pasos que se pierden en la distancia. Jens se aleja de nosotros. Las huellas simbolizan su pasión por las carreras a pie y el agua su pasión por la natación.
Le entusiasmaba la naturaleza.
Hacemos una foto y la enviamos a los miembros de la familia que hoy no están presentes. En seguida aparece en el móvil el signo de que están de acuerdo.
Al despedirnos, intercambiamos algunas palabras con la empleada. Noto sobre mis espaldas todo el peso de la urna que pronto va a acoger a nuestro hijo. Noto como algunos músculos se contraen, de cuya existencia no tenía ni idea hasta la fecha. Está detrás de mí. Me hace daño.
Mi marido se lleva los documentos que la funeraria había mandado traducir.
Como nuestros nervios necesitan oxígeno, decidimos buscar un parque para dar un paseo. Es como una maldición. No importa en qué lugar me encuentre, la memoria abre sus puertas y los recuerdos me avasallan con fuerza irrefrenable. A veces me gustaría desterrarlos para evitar que me atormenten.
Ahí están los árboles de gruesos troncos bajo los cuales hace miles de años llevaba a pasear a Jens metido en su cochecito de bebé. Los mismos que él contemplaba con sus ojos infantiles. Igual que el tobogán de cemento con forma de elefante que también se encontraba en mismo sitio en tiempos de la República Democrática Alemana. Cómo le gustaba deslizarse por él en la época de su infancia lanzando gritos de alegría. Esta melancolía…estos pensamientos. Es espantoso.
Vamos a casa y miramos las traducciones más atentamente. Lamentablemente, otra vez hay un error. En lugar de poner „certificado de defunción“, en el documento está escrito „certificado de defnución” . Hay dos letras que se han invertido. Claro que pueden pasar errores tipográficos, pero no obstante… Lo reclamamos y la traductora se disculpa. Nos promete enviarnos el documento corregido lo antes posible.
La esquela aparece publicada en el periódico. Una y otra vez tomo en mis manos nuestro diario local. Mis ojos se clavan en las letras que forman el nombre de nuestro hijo. ¿Qué es lo que hace aquí en esta página, rodeado de tantas otras esquelas? Cuanto más grande es la brecha que separa el sentimiento de la razón, tanto más me desasosiega la sensación de desconcierto. No obstante fue nuestro deseo publicar una esquela. Algunas personas de la familia intentaron disuadirnos, esgrimiendo argumentos como “ ya no se hace hoy día”, o “con esto renunciáis a vuestro anonimato”.
Esto último lo puedo entender, pues he oído que con ocasión del entierro de una sola víctima acudieron al cementerio 200 personas. Solo de pensarlo siento pavor. Como Jens últimamente vivía en Düsseldorf, hasta ahora los medios de comunicación nos han dejado en paz. Nadie sabía que sus padres viven en Sajonia (excepto los miembros de la familia y los amigos).
Estoy furiosa con Lufthansa y Germanwings, pues por su culpa la repatriación y el traslado del ataúd nos han provocado un enorme trastorno emocional (y eso en una situación tan especial) que muy bien se hubiera podido evitar.
Es hora de dirigirse a la opinión pública, que hasta la fecha solo ha sido informada por ellos de que todo se ha organizado en interés de los familiares, lo que por desgracia sólo es cierto en parte.
Estoy convencida de que pronto nos pedirán hacer una entrevista.
Por la tarde vamos a la fiesta de cumpleaños de Susi. Nos enseña los regalos, que han colocado sobre la mesa. Uno de sus preferidos son los accesorios que ha recibido para su nueva bicicleta de carreras. Con voz triste dice: -qué pena que ahora que tengo un equipo tan bueno ya no pueda ir de excursión en bicicleta con Jens…
Cuando estamos con la familia, intento dominarme y participar al menos un poco en las conversaciones.
Por la noche no hago más que dar vueltas en la cama de un lado a otro. Pese a estar agotada me resulta imposible conciliar el sueño. Los dolores crónicos me atormentan y mi desolado estado psíquico los agudizan aún más.
El universo de mis pensamientos es todavía más negro que mis noches de insomnio.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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