16 de agosto de 2015, domingo – El cumpleaños de Jens

Es imposible cambiarlo, claro. Pero uno se asombra de que la vida continúe tal cual. La gente de la calle vive y se ríe, y uno no puede entenderlo.
Como bien sabes, no tengo hijos. No obstante, puedo sentir muy bien cómo es la unión entre madre e hijo ya que tuve una madre maravillosa. Ella solía decir: “preferiría morir a que lo haga alguno de mis hijos…”
(Extracto de una carta de una pariente muy querida)

Hoy nuestro hijo hubiera cumplido 38 años. Ya no podemos felicitarle ni abrazarle ni desearle todo lo mejor para su vida futura. Para mí es como la mayor mentira de la historia mundial. Me embarga la desesperación y no sé cómo voy a remontar el día.
La familia ha propuesto que hagamos una excursión. Dicen que Jens hubiera querido que ahuyentásemos la tristeza y la melancolía.
Esto es cierto, pero los sentimientos van por otros derroteros.
Nadie es capaz de convencerme, así que pese a mis protestas también los otros se quedan en casa. Sin embargo, la propuesta de ir al cementerio a verle es aceptada unánimemente.
Hemos anulado nuestra participación en la reunión que la Asistencia Pastoral ha organizado en Düsseldorf para los familiares de las víctimas, a pesar de que el tema „Superación del duelo” nos podría ayudar en nuestra situación actual.
Quiero estar a sola con mis lágrimas.
La mañana es un inmenso vacío que nos absorbe el interior. Intento en vano hojear revistas de moda o poner en orden la habitación, pero permanezco sentada de brazos cruzados. Mi marido no tiene ganas de nada y dice suspirando: – La vida es como una única terapia ocupacional.
Pasamos la tarde con Thomas, Susi y nuestra nieta.
Me enseña su gorrito rosa nuevo. Su encanto infantil consigue que me ponga a jugar con ella. Se ríe y lanza gritos de entusiasmo.
Pero por desgracia, solo me distraigo a medias con ella.
Tomamos café.
El aire es muy húmedo, bochornoso, y sentimos una gran pesadez en el cuerpo; pero todavía nos aplasta más la pérdida que pesa sobre nuestra alma. Las palabras parecen arrastrarse lentamente por la habitación. Es el cumpleaños de Jens, al menos la pequeña está contenta. Jens hubiera estado muy orgulloso de ella.
Empieza a lloviznar. ¡Por fin lluvia! Aunque justo ahora no nos alegramos mucho ya que queremos ir al cementerio. Cogemos las flores y salimos de casa.
Siento alegría al ver la tableta de chocolate que nuestra nuera dejó pegada en la tumba hace unos días. Desde que era niño, a Jens le encantaba esa marca de la antigua RDA. En una tarjeta, que Sassa ha coloreado con la manita impregnada de pintura, pone: „¿Cuándo vuelves?…Te extrañamos mucho.”
Arrancamos enérgicamente las plantas secas y las malas hierbas, regamos la tierra dura y reseca por el calor y ponemos en los floreros los ramos de flores que acabamos de traer. Mi marido coloca otra tableta de chocolate cerca de un helecho y la tapa con las ramas.
Contemplamos la tumba. Solo la clara voz infantil de nuestra nieta rompe el silencio. Nos abrazamos y pensamos en Jens, metido en la urna bajo tierra.
Siento dolor por estar tanto tiempo de pie, así que de repente digo: -La próxima vez traemos los muebles de cámping y nos instalamos aquí cómodamente.
Pienso en un documental que vi una vez sobre “El día de los muertos“ que se celebra en México. Es un día de fiesta alegre, en el que las almas de los difuntos regresan del más allá para reunirse con sus familiares, para cantar juntos en el cementerio, para bailar y tomar una comida sabrosa con ellos.
Thomas me saca de mis pensamientos con la propuesta: -Y entonces jugamos a las cartas con Jens. ¿Qué os parece „La vida y la muerte“?
Soltamos una carcajada, es una idea divertida. ¡Esto es lo que le gustaría a Jens, justo esto! Intentamos conservar la alegría.
Mi marido hurga en la crujiente bolsa de plástico. Saca una botella de grappa y los vasos correspondientes. Llena uno de ellos hasta el borde y lo coloca ante el florero con las flores de vivos colores, diciendo: -Para ti, Jens.
También nosotros nos servimos. Nos inclinamos en su dirección para brindar por él.
Tengo la sensación de que nos está observando. Se encuentra entre nosotros. Los recuerdos me hacen evocar su risa en los oídos y me confirman que estos gestos y el humor le complacen.
– Por ti, Jens. A ver cuándo te vemos, ya has estado lejos demasiado tiempo, -le decimos.
Sassa mete en el recipiente de agua jabonosa que sujeta su padre un palito con un anillo arriba para hacer pompas de jabón. Lo saca, frunce los labios y sopla. Pompas de alegres colores vuelan por el aire y se deslizan por encima de la tumba de Jens como a cámara lenta. Se alejan de manera majestuosa como si viniesen de otro mundo.
Jens nació a las 20:47 horas.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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