25 de agosto de 2015, martes – Mi cumpleaños

°VEINTIDÓS SEMANAS DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE°
El día marca una nueva era en la que nunca más recibiré la felicitación de Jens por mi cumpleaños. Por desgracia apenas recuerdo cómo fue la del año pasado. No era consciente de que iba a ser la última vez. Era algo tan natural, tan normal.
Mi sensibilidad por estas cosas se ha agudizado con la espantosa pérdida. Vivo con más intensidad hechos normales de la vida que tengan relación con la humanidad y los sentimientos. Cuántas veces el estrés en el trabajo, las contrariedades y el ajetreo cotidiano han relegado a un segundo plano estas emociones. Un simple abrazo que llega del corazón, una palabra amable o una mirada que emana una luz cálida son para mí ahora más importantes que nunca.
Nos olvidamos con excesiva rapidez de los acontecimientos normales de cada día que no son necesarios para sobrevivir, si bien muchas veces puede haber tanta belleza en ellos. Por eso nos llena de alegría que hayan aparecido los diarios que Jens empezó a escribir cuando tenía 12 años. Se los llevó cuando se mudó a Düsseldorf donde no pudimos encontrarlos por ninguna parte.
La empresa en la que estuvo trabajando casi diez años nos los ha enviado por correo. Sus colegas encontraron los cuadernos en su mesa de trabajo, junto con otros objetos personales.
Sin pensarlo mucho, hojeo sus anotaciones. Su escritura, su lenguaje, su vida…todo ello era Jens. Después de haber leído algunas páginas, dejo el diario a un lado, ya que la tristeza me domina. Creo que va a pasar mucho tiempo antes de ser capaz de continuar con la lectura.
Hoy vamos a ir a la zona de Harz. Salir un día de excursión será mejor que quedarnos en casa inmersos en la soledad. Como no tenemos ganas de divertirnos, hemos decidido visitar un pueblo que se llama Netzkater del que mi marido tiene alegres recuerdos por haber pasado allí de niño las vacaciones varias veces con sus padres y su hermano.
Nada más llegar, empieza a llover. Por suerte es la hora de comer y encontramos un restaurante cerca del aparcamiento. La comida es extraordinaria. Las paredes y el techo dan una sensación tan acogedora que nos quedamos allí hasta que la lluvia cesa.
No puedo evitar pensar en Jens, e inmediatamente se me saltan las lágrimas. Siempre está con nosotros, no importa dónde estemos ni lo que hagamos.
Buscamos la casa donde la familia de mi marido solía alojarse durante las vacaciones. Se encuentra sobre una colina, en un terreno privado. Los árboles ocultan el edificio, de modo que no nos resulta fácil localizarlo.
Entonces aún vivía el hermano de mi marido. Murío a la temprana edad de 14 años, después de una operación. Mi suegra soportó el dolor estoicamentene. Procuraba que no se le notase y evitaba hablar de ello.
Su prima también perdió a su hijo. Sufrió una caída en los Alpes, aunque conocía muy bien la zona, y lo encontraron muerto.
¿Puede ser que la muerte de los hijos sea algo peculiar en esta familia?
También a una antigua amiga y a una compañera de trabajo se les han muerto los hijos. Ambos se suicidaron siendo todavía muy jóvenes.
¿Acaso una experiencia tan terrible puede transmitirse a otras personas, allegados o amigos?
La estación es nuestro punto de partida para la caminata que queremos hacer hasta un mirador situado en el monte de Poppenberg.
Los montes y los valles están cubiertos por bosques frondosos. El verde tiene un efecto calmante sobre nuestros maltratados nervios.
A pesar del esfuerzo, o quizá gracias a él, me siento mejor. Caminamos montaña arriba durante varias horas. De vez en cuando, un rayo de sol se filtra entre las ramas de los árboles. Por fin llegamos a la cima. Con los huesos doloridos subo al mirador, cuyo armazón de acero se hace cada vez más estrecho en dirección al cielo. Aunque no padezco de vértigo se me acelera el pulso ante la vista hacia abajo que dejan libre el andamio y los peldaños.
Finalmente llego a la plataforma. Ante mis ojos se ofrece una vista impresionante. A lo lejos, las montañas nos saludan a través de la bruma. Puedo divisar el Brocken. Al otro lado se extiende una zona llana iluminada por la luz del sol, mientras que donde estamos nosotros apenas se asoma y deja a las nubes el papel principal, que inmediatamente reaccionan dejando caer una fina lluvia. La lloviza nos acompaña en nuestro camino de regreso al coche.
Por la noche me pongo a escuchar los mensajes en el contestador. Familiares y amigos me felicitan. Entre ellos, la colega que perdió a su hijo. Se ha enterado de nuestra desgracia al ver la entrevista que nos hicieron en televisión y está horrorizada. Hacía mucho tiempo que no teníamos contacto, la llamaré, pues ella sabe perfectamente los estragos que puede causar en el alma una pérdida semejante.

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

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