¿Por qué?

Las verdaderas catástrofes, es decir, aquellas en las que se pierde a un ser querido, dejan huellas profundas en el alma de los familiares de la víctima. Son grietas que se graban en lo más hondo de nuestra psique y que nunca llegarán a cerrarse. Nos atormentan, pero los que nos rodean no se dan cuenta de ese dolor ya que es inmensurable y para ellos permanece invisible. Para nosotros, en cambio, constituye  un sufrimiento constante. Y sé muy bien de lo que estoy hablando…

Nuestro hijo Jens ha muerto. El 24 de marzo de 2015 tomó el Airbus A320 de la compañía Germanwings que iba de Barcelona a Düsseldorf y fue asesinado deliberadamente por el copiloto, junto con todos los otros pasajeros.

Nadie ha regresado nunca de ese mundo en el nuestro hijo se encuentra ahora, aunque ése sería nuestro mayor deseo.

Jens tenía 37 años. Nos ha dejado a todos, a mi marido y a mí, a su hermano y a su cuñada, a su sobrinita, a su anciana abuela, a su novia y a los padres de ésta, así como a un montón de amigos y conocidos. Todos le queríamos por su humor y su manera positiva de ver la vida.

El vuelo número 4U9525 y el avión cruelmente estrellado contra la pared rocosa de una montaña en el sur de Francia determinarán la vida futura de los familiares, mientras que el resto de la gente acabará por olvidarlo. La vida cotidiana atraerá de nuevo su atención, sucederán nuevas cosas y el recuerdo de lo pasado se irá desvaneciendo poco a poco.

El presente diario, redactado de manera restrospectiva, es un tímido intento de liberar el alma por medio de la escritura. No obstante, la catástrofe está incrustada  en mi cerebro  y ya será para siempre una parte integrante de mí misma.

Quienes quieran acompañarme en mi camino, están invitados a hacerlo. Y se darán cuenta de lo que significa que de un segundo a otro el mundo amenace con derrumbarse, con la certeza de  que ya nada volverá a ser nunca más como fue antes…

***

© Brigitte Voß / Traducción: Aurora de la Válgoma

 

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Un comentario en “¿Por qué?”

  1. Yo también perdí a un hijo de 41 años en el siniestro. Tenía dos niños, un niño de seis años y una niña de ocho. Como tu bien dices es una tragedia irremediable y es una tragedia de cada día, desde que amanece hasta que anochece. Como dije yo en la catedral de Dignes en el segundo aniversario, el tiempo no cura nada, eso es mentira. Tendremos que vivir con nuestro dolor y drama hasta el fin de nuestro días y si es posible reunirnos entonces con ellos.

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